5ª Entrega
Estoy sentado en mi casa en Holanda, el tiempo está muy gris. Llevo tres semanas sin hacer ningún viaje, lo cual es algo bastante inusual para mí, pero por otra parte, he aprovechado el tiempo para componer música y leer sin demasiadas distracciones. También estoy disfrutando de una enorme taza de café (mis amigos holandeses se ríen de mí porque aquí normalmente el café se sirve en pequeñas tazas y es bastante fuerte) mientras escucho a Secret Chiefs 3. Hay un respeto mutuo ente las dos bandas y aconsejaría encarecidamente a los lectores que acudiesen a sus conciertos, ya que los definiría como sublime arte sonoro.
La semana pasada Absu pasó por Amsterdam. La última vez que nos vimos fue en julio, cuando alquilamos un local de ensayo para hacer sesiones de improvisación conjuntas. Subí al escenario con ellos para tocar Swords and Leather y fue fantástico.
Actualmente estamos preparando el nuevo disco pero todavía no puedo dar más detalles. Lo que sí podré hacer pronto es anunciar el nombre del nuevo bajista y del guitarrista de sesión que tocará con nosotros cada vez que Moloch no pueda.
Como contaba en la anterior entrega, estuve por Indonesia durante una temporada para alejarme del jaleo que se había montado en Jerusalén muy a nuestro pesar. A mi vuelta, las cosas se habían calmado, ya que la sociedad tenía nuevas preocupaciones. El primer ministro (Yitzhak Rabin) había sido asesinado, lo cual fue una tragedia para todos ya que era una de las pocas personas con sentido común y las cosas empeoraron para todos. Hubo no pocos ataques suicidas en cafeterías y otros sitios publicos. El panorama parecía desalentador… lo fue y sigue siéndolo. ¡Con lo fácil que hubiese sido alcanzar la paz con un cambio en el disco duro de los zánganos que nos dominan! Pero como no quiero llamar la atención de los zombies rabiosos, paro aquí. Aquel año (1996) fue muy raro en general. Mi abuela paterna murió y la quería mucho, aunque sólo la había visto en contadas ocasiones ya que vivió en Estambul y después en Australia. El mismo día me llegaron noticias de que una conocida mía había sido brutalmente violada y asesinada. Era una chica muy guapa y habíamos charlado en ocasiones. Tengo que decir que este tipo de crímenes son muy raros en Jerusalén.
A pesar de las tensiones socio-políticas, conseguí divertirme viviendo la vida tal como me gustaba a mí y muy a pesar de mi familia, que veía cómo <<desperdiciaba mi tiempo>> con la guitarra. Incluso llegaron a reírse de mí diciéndome: <<Hey, Beethoven ¿has compuesto algo hoy? ¿Ya te has hecho famoso?>> Este punto de discordia siempre ha existido entre mi familia y yo hasta el día de hoy. Nunca pudieron entender que el individuo debe ser el arquitecto del sistema y no un mero componente suyo.
Como decía, disfrutaba de la vida, ya que hacía las cosas a mi manera. No tenía trabajo y asistía a una escuela de sonido unos días a la semana, pero el resto de mi tiempo lo pasaba con la guitarra, leyendo libros de ocultismo y saliendo con mis colegas. No me hacía falta el dinedo ya que, gracias a mi hermano, tenía aceso ilimitado al alcohol. Por entonces él trabajaba en Seagrams, que distribuye las primeras marcas de bebidas alcohólicas en Tel Aviv (Chivas Regal, Martell Cognac, los vodkas Absolute y Finlandia, el tequila Mariachi, el vino B&G Wine, etc.). Cuando se me acababan las provisiones, mi hermano llamaba al almacén central y yo con un carro de compras iba, lo llenaba y me marchaba. Para una empresa de su tamaño y cantidad de facturación, mis pequeñas incursiones eran tan insignificantes que ni se molestaban en cobrarme. Había días que me tomaba un whisky en plena calle (entonces a nadie le importaba lo de beber en público) y si necesitaba dinero para comprarme discos o cuerdas para la guitarra, iba a mis bares favoritos y les vendía mis botellas por un precio muy inferior de lo que les cobraban los distribuidores, así que todos contentos. Eso también significaba que no tenía que pagar las cervezas en los bares. Por otra parte, muchos amigos míos trabajaron en sitios de comida rápida y me pasaban pizzas, hamburguesas, helados, etc. Así que no me hacía falta el dinero. No me interesaba y no quería convertirme en su esclavo. Tengo que admitir que hubo veces que sí que vendí hierba. Normalmente no hay nada de malo en ello, pero lo que yo hacía sí era deshonesto, ya que mezclaba unos pocos brotes de maría con hojas secas de higo; después los metía en cajas de cerillas y los vendía. La gente me daba las gracias y me decía que tenía buena mercancía; menudos idiotas. Una noche, estando en un bar, un chico se me acercó y me dijo que le había vendido maría falsa. Bebí de mi cerveza, le di un bofetazo, le agarré del cuello y le puse contra la pared. Le grité: <<Te doy lo mejor de mi cosecha, ¿así es como me das las gracias?>>. Empezó a temblar, se puso pálido y pidió perdón cagado de miedo. Tengo que decir que entonces era un malote y un gilipollas, según mis propios amigos, había veces que les daba miedo. Una vez le tiré un cuchillo a Moloch por haber quitado un CD de Immortal que tenía puesto mientras preparaba un sandwich en la cocina. Dio contra la pared y se despegó un trozo. Me alegro de mi mala puntería. Sinceramente, Moloch tiene muchas historias que contar sobre mi mal genio de entonces, le admiro y respeto mucho por haber aguantado todas mis fechorías, aunque tal como afirma él, también aprendió mucho de mí. Eso espero. Ahora soy una persona diferente y como todos, he pasado por periodos de rebelión, descubrimiento y creatividad.
Mientras tanto, la banda empezaba a tener un renombre en el underground con su demo y con entrevistas en fanzines, así que decidimos que había llegado el momento de debutar en los escenarios. Quisimos que el primer concierto de black metal en Jerusalén lo tuviese todo: la banda pintada, actores sobre el escenario, escupefuegos, máquinas de humo, juego de luces, etc. Yo había tomado prestada, ejem, una capa con dos cabezas de león cerca del collar. Pertenecía a un amigo mío británico cuyo padre era cura anglicano. La asistencia al bolo estuvo muy bien y cuando posteriormente vimos el video pudimos oír las reacciones del público, que oscilaban entre comentarios del estilo <<Dios mío, ¿qué es esto?>> y <<¡Cómo mola!>>… La nota curiosa la pusieron los bomberos, que acudieron al club porque todas los detectores de humo se dispararon por causa de nuestra máquina. Quisieron parar el concierto, pero el dueño, a quien conocía desde hacía años, interfirió y consiguió convercerles de que el humo era sólo de las máquinas. Comprensiblemente, no nos dejó volver a tocar en su club. Un tema grabado aquella noche, Malek Al Nar, se puede encontrar como extra en la reedición de nuestro debut.
La cosa pintaba bien para nosotros. En unos meses teníamos ya dos tratos firmados. Uno fue de cara a un EP de 7” para un sello alemán que acababa de fundarse, íbamos a ser su primer lanzamiento. Me acuerdo cuando fui al buzón y vi su carta. Me entró una emoción tremenda y rápidamente llamé al resto de la banda para reservar un estudio. Allí grabamos Malek Al Nar y la primera versión de The Siege of Lachish. El EP tuvo una tirada de 666 copias que se agotaron muy pronto, aunque hace menos de un año Proscriptor volvió a editarlo a través de su sello Tarot Prod. como picture disc.
Una noche el teléfono sonó a las tres de la madrugada con el consiguiente enfado de todos, ya que estábamos durmiendo. Respondí gritando: <<¿Quién eres y por qué llamas a estas horas?>>. Resulta que al otro lado de la línea estaba Andy Harris (más conocido como Akhenaton de la banda Judas Iscariot). Entre disculpas me comentó que estaba montando un sello y que quería que nosotros fuésemos su primer lanzamiento. Andy tuvo los cojones de optar por una banda de Oriente Medio en lugar de fichar a una noruega, así que finalmente el disco se editó en colaboración con un sello americano, Pulverizer, que se encargó de distribuirlo (hace poco su fundador murió en un accidente de coche). Como los del sello de Andy nos animaron a seguir con el sonido crudo de las maquetas, decidimos grabar el disco entero así y meter toques de música oriental, algo que se convertiría en la seña musical de Melechesh.
Fue grabado en directo con nosotros tocando todos a la vez y sin pausas, eso significaba que si alguien cometía un error, teníamos que volver al principio del tema, pero era la única manera de que el estudio nos saliese más barato. Valoro nuestro debut por obvias razones sentimentales y creo firmemente que hay muy buenos riffs en el disco. Por cierto, añadimos el bajo y las voces más tarde, ya que por entonces éramos un trío.
En esa misma época también cometimos algunas estupideces. Una vez estábamos buscando cinturones de balas así y como no había en ninguna tienda, Moloch se fue al oeste de Belén y consiguió una ristra de balas del la ametralladora M-60. Consiguió pasar los controles de carretera y las escondió en su colegio, que era francés. Supongo que si el ejército lo hubiese sabido, habría ocurrido un incidente diplomático entre Francia e Israel. Conseguimos hacer dos cinturones con ellas, pero el problema era que pesaban mucho porque las balas eran de verdad. Así que Lord Curse, nuestro batería y manitas oficial (todas las tachuelas y pinchos que llevamos fueron hechos por él), decidió vaciar las balas, una por una. Le recuerdo sentado en el jardín trasero de mi casa, con un cigarillo en la boca y dos alicates, vaciando una por una las balas. Cuando terminó, amontonamos la pólvora y le prendimos fuego.
Hubo otros incidentes que ahora nos hacen reír. Por ejemplo, la familia de Moloch estaba al tanto de sus fechorías y las desaprobaba. Una vez, su madre vio su habitación llena símbolos y textos ocultistas y le entró la desesperación. Es una persona razonable e inteligente pero ya no sabía qué hacer, así que un amigo de la familia sugirió que llamaran a un exorcista. Su familia no es religiosa, pero dada la naturaleza teológica del problema, les pareció una buena idea. Moloch estaba desconcertado y disgustado cuando me lo comentó, así que le dije que debería echar un órdago aprovechando que pensaban que no estaba en sus cabales y decirles que si venía el exorcista, lo apuñalaría. Dicho y hecho, y efectivamente sus padres desistieron. De todos modos, con el paso del tiempo, ellos se volvieron más comprensivos con lo que hace.
Mi madre por su parte, se enfadaba cada vez que veía el suelo de la casa cubierto de cartas, hojas, flyers, pentagramas, libros, vinilos, CDs y maquetas, me espetaba: <<¿Es que has traído el diablo en casa?>>.
Otra vez se llegó a decir que le habíamos cortado el brazo a una persona con una espada. Al principio no teníamos ni idea de cómo había podido surgir dicho rumor, hasta que nos acordamos del día que volvíamos a casa tras una sesión de fotos. Todavía llevábamos la pintura, el maquillaje y las espadas y nos topamos con un chico que empezó a insultarnos, así que decidimos asustarle un poquito, sacamos una de las espadas y nos acercamos a él de manera amenazante. El pobre desapareció pitando. No era sino una anécdota pero con el paso del tiempo, la cosa creció hasta ese punto.
En unos meses nuestro disco de debut ya estaba en las tiendas, y aunque andaba muy ilusionado con todo esto y me encantaba Jerusalén (y sigue gustándome mucho), estaba muy insatisfecho con la situación allí por varias razones, pero hablaré sobre ello en la próxima entrega.














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